sábado, 28 de julio de 2012

SALTEADO DE ESPÁRRAGOS VERDES FRESCOS


  Este es un salteado que hice de forma muy simple, y lo hice así para que sólo se degustara el buenísimo sabor de los espárragos recién recolectados (con un toquecito de nuestro oro líquido: el aceite de oliva virgen extra, igualmente producto de Andalucía). Y además así lo pude servir como acompañamiento -guarnición- de un plato de carne, sin que resultara muy pesado.

INGREDIENTES:


-Espárragos verdes frescos, yo compro un manojo que ya viene así preparado (viene con unos 15 espárragos más o menos) y da para dos personas.
-Aceite de oliva virgen extra, un par de cucharadas grandes.
-Sal, un puñadito.

MODO DE PREPARACIÓN:


  Preparamos los espárragos:
  -primero cortándoles la base: el trozo del tallo que vemos más grueso, éste se corta y se deshecha.
  -ya lo que queda es el espárrago con el que trabajaremos: yo pelo los que son más gruesos, para que después ningún comensal se encuentre con una piel dura. Si algún espárrago es más fino pues no lo pelo, pues ya los muy finitos no se pueden pelar, y además que no hace falta, pues ya los finitos se quedaran blanditos sin necesidad de pelarlos. Se pelan hasta la punta más o menos, así la punta se deja tal y como está.
  -una vez pelados los lavo un poco bajo el grifo, teniendo cuidado en la parte de la punta, para que no se deshaga. Y los dejamos escurrir.

Aquí podemos verlos una vez pelados, vemos como algunos muy finitos no los he pelado:

 Vemos como más cerca del tallo -de la base-, están más pelados, así que se ven más blanquitos:


 E igualmente, más cerca de la punta, como se van afinando, quedan menos pelados y por tanto se ven más verdes:

Aquí los vemos una vez cortados como en bastones, en longitud como de unos 5-7 cm.


  Pasamos ya a cocinarlos:
  Se pone a calentar una sartén con el aceite de oliva, cuando esté templado, echamos los espárragos, los espolvoreamos con el puñadito de sal, y con el fuego suave dejamos que se vayan cocinando, yo los tapo y así se hacen también con un efecto vapor y se van haciendo con su propio jugo y no se quedan secos.
  Removiendo de vez en cuando (y volviendo a tapar), yo los tengo como media hora, a fuego bajo, hasta que veo que están tiernos y ligeramente dorados. Hay que controlarlos con el tiempo para no pasarse, porque entonces quedarán deshechos o quemados, y ni tampoco dejarlos poco hechos y duros.

Aquí los vemos recién echados en la sartén:


Aquí los vemos empezando a cocinarse, como van tomando color, dorándose:


Y una vez ya hechos, así quedaron:


Los serví para la cena, como acompañamiento, de una fuente con carne cocinada en salsa de tomate y pimientos (quedó una cena abundante y riquísima!!):

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